jueves, diciembre 21, 2006

Otra Navidad...

He descubierto que no tengo espíritu navideño en materia de regalos. Soy un desastre buscando regalos -prefiero preguntar qué quieren y comprarlo-, y me angustio cuando me regalan a mi, porque siento que siempre debo algo... tontera, pero es cierto.

Los Pascueros son nuestro espíritu navideño. En casa hace años que no se hacen regalos. Y me dijeron que sonaba triste, pero la verdad es que no estoy acostumbrada a los regalos en Navidad, lo que me hace encontrar demasiado siniestro y desesperante el espectáculo de las "compras navideñas"... bueno, cada uno con sus mañas.

En la vida todo va bien. Quejarme sería de histérica nomás.

El post que viene es uno que hice el año pasado en mi otro blog. Y quise recordarlo porque definitivamente es lo que une a mi familia.

Con ustedes:

24 de diciembre de 2005
LOS PASCUEROS



Receta de tradición familiar, creada por mi abuela hace 18 años cuando no quiso celebrar una navidad con cena por la muerte de su madre. Por su limpieza, rapidez y eficacia se implantó como tradición navideña.

Ingredientes:
- Pan de molde blanco. Tiene que ser del grande, no del chico.
- Porotos verdes cortados recién, a lo largo, bien cocidos.
- Tomates cortados en delgadísimas capas. Aliñado con un poco de aceite y sal.
- Palta molida en puré, con jugo de limón y sal.
- Jamón de pierna. Puede ser ahumado o acaramelado. (mientras más seco, mejor)
- Mayonesa.

Preparación:
En un bol se mezclan los porotos con la mayonesa.
Se pone amorosamente una rodaja de pan en una tabla de madera. Se unta palta, se colocan una o dos rodajas de jamón. Se pone tomate y se termina con los porotos con mayonesa. Se tapa con otra rodaja de pan. Se corta en diagonal formando dos triángulos perfectos.
Repetir tantas veces como invitados a la cena de Navidad tengan.
Si está a dieta puede ser en pan de fibra y mayonesa light, pero no tendrá la misma gracia. Se acompaña con bebida fría.

FELIZ NAVIDAD...
(si de regalos se trata... la música siempre será una buena elección, aunque sea para reírse un rato)


lunes, diciembre 11, 2006

¿No soy de aquí ni soy de allá... ?

Qué días...

Me he paseado por la vida estos últimos momento pensando que todos quieren que esté a un lado o al otro.

¿No puedo ser de mi lado?...

No puedo creer que hace una semana todos estuvieran dando plata para la Teletón y una semana después nos estemos agarrando a patadas, descalificándonos, marcando con el dedo, riéndonos con descaro o llorando como viejas histéricas. Sobre todo pensando en que todo esto lo causa la muerte de quien no quiero nombrar. Algo tan común como la muerte. Quizás lo único cierto que tenemos. La muerte.

Necesito que pasen estos días rápido. Hoy cualquier cosa que diga o no diga le molesta a los unos y a los otros. Y no se trata de que no tenga las ideas claras o sea una indecisa, solo que seguir fomentando el odio no me hace bien. No nos hace bien. Hay momentos para todo. Y estos días -lo escuché y me hizo mucho sentido- sacan lo peor de nosotros.

Podría estar discutiéndo acaloradamente, haciendo discursos y apologías. Pero... ¿acaso alguien de cualquiera de los lados está dispuesto a escuchar razones, argumentos?... La vida está por sobre todo.

A oídos cerrados prefiero mantener silencio. O morderme la lengua. Por salud mental.

Hoy busco aquello que nos une. Aquello que me une a quienes amo.


martes, diciembre 05, 2006

A tenderme al sillón...

Necesito terapia de contención o una nueva forma de entender el lenguaje.

Hace tiempo –exactamente en mi antiguo blog- hablaba de aquellos personajes a los cuales siempre les ha sucedido todo, y dos veces más grave. De hecho, recuerdo haber mencionado a la Cata, la telefonista, que cuando almorzábamos juntas siempre era para saber que si yo había ido a Santiago, ella había ido dos veces. Si me dolía un diente, a ella le dolían dos. Si fui a Saturno, ella fue y volvió dos veces. En fin.

El asunto es que hoy estoy conociendo a otro tipo de personas, que si bien son menos fantasiosos, creo que agotan más porque exigen –y me exigen- mayor capacidad de argumentación. A saber: aquellos que critican todo porque sí y porque no. Los que en vez de decir frente a una situación: “no me parece buena idea, creo que es mejor esta otra” dicen sin empacho, y obviamente sin ofrecer alternativa: “es malo”. Todo es en negativo. Todo es una discusión. Es como si el mundo estuviera constantemente haciéndoles un complot.

Sé que en muchos casos es inconsciente y tiene que ver, quizás, con la pérdida total de la esperanza. En lo que sea, pero esperanza perdida. Y muchas veces tienen razón y logran replantear las ideas de manera positiva. Con ellos no me molesta lidiar, en la medida que se convierten en verdaderos abogados del diablo que me obliga a tener justificadas por todas partes mis acciones y decisiones.

Pero hay otros que, como dirían por ahí, no ven la luz al final de camino. Y no sé hasta qué punto yo quiero andar de linterna en las calles. Y ahí entro en conflicto interno, porque yo vivo en la esperanza eterna de que todo puede ser mejor. ¿Ingenua? Seguro. Pero la otra opción es andar de amargada por la vida, situación con lo que lucho todos los días, cuando me doy cuenta que estoy algo gruñona y entiendo que en ese estado solo aporto con más tristeza a este mundo.

He estado silenciosa bloggeramente hablando por varios días, pero ha sido porque lo que hoy me nutre –el trabajo- me tiene preocupada. Es demasiada la resistencia con la que me encuentro día a día para explicar algo nuevo como lo es Transantiago. La próxima semana los colectiveros de Puente Alto se paralizarán con motivo de este nuevo sistema y andan generando psicosis entre la ciudadanía con las ventanas pintadas con “Alerta Puente Alto”. Asumo que tienen sus motivos, pero ello no basta para tranquilizarme.

Necesitamos explicar cómo funcionará, cómo se tendrá que pagar, cuáles serán los nuevos recorridos, pero está costando que las personas quieran recibirnos. ¿Tanto susto le tenemos a lo nuevo? Es cierto, sé que han existido promesas incumplidas, plazos postergados. Pero… ¿tan rápido nos desilusionamos?...

Quiero creer que tengo derecho a seguir creyendo… en lo que sea, pero creer.

Sentir que puedo confiar.

Definitivamente esto ha funcionado como terapia.

Para variar lo único que me saca un rato de este mundo. El tango...