Nunca pensé que lo escribiría. Pero así, como están las cosas hoy, sí daría mi reino por volver a ser escolar en este país aletargado.Los escolares despertaron. Y exigen. Y por participar en la lucha por una mejor educación es que quisiera volver a ser escolar.
Hoy había manifestación nacional. Y yo, pseudo estudiante de inglés, fui a clases, porque claro, nadie se toma el Instituto Chileno Norteamericano, así que mochila en la espalda partí a estudiar. Y en el camino me encontré con unos alumnos en la salida del metro que pintaban unos carteles con spray: "El cobre por el cielo y la educación por el suelo".... y "Bachelet, ¿estás conmigo?...
Y los acompañé, a la distancia, con mi libro en la mano, mientras se iban a juntar con sus compañeros que se habían apoderado de Av. Vicuña Mackenna poniente entera y la gente de los edificios cercanos ondeaban al viento toallas y sostenes como diciéndoles "estamos con ustedes"...
Y los envidié profundamente. Porque yo no estaba ahí gritando con ellos, solo era una espectadora muda. Y me cuestionaba cómo participar, cómo ayudar, como sentirme involucrada en una lucha que si bien no es mía, me parece justa.
Y no dejaba de asombrarme como los conductores de vehículos los alentaban con sus bocinas cuando de pronto veo a la distancia a la policía en moto. Y dije, ok aquí se acaba todo. Claro, en mi inconciente aún recuerdo cuando ver a un militar significaba mejor quedarse en casa y no decir nada, porque era mejor no saber.
Y envidié ver como la policía lo que hacía era acompañar en su marcha a otro grupo de estudiantes que venían a reunirse con estos que yo veía. Y sonará dramático y operático, pero algo me pasó que me emocionó. No era tristeza... era... era estar en el medio de situaciones históricas. Y envidié no ser parte de esa historia.
Mi generación fue, es y será un capullo que no termina de abrir.
Los escolares de hoy ya son mariposas. Y si bien me entristece no compartir con ellos los gritos, el creer que compartimos ideales o simplemente capear clases, me alegra que tengan la capacidad de volar y pensar que todo puede ser mejor.
Decidí irme a clases... y delante mío iban caminando dos jóvenes que se notaba habían salido hace uno o dos años del colegio. Y a uno lo escuché decir "quiero volver a ser escolar"... y entendí que no estoy sola. Y me sentí menos triste.




